La Historia De La Piedra de La Loca – Leyendas Tachirenses

08/03/2024

Cuento La Piedra de La Loca

En la vasta geografía venezolana, marcada por una rica historia y una diversidad natural sorprendente, existen lugares que guardan historias fascinantes, envueltas en misterio y leyenda. Uno de estos enclaves emblemáticos es La Piedra de la Loca, un monumento natural que ha cautivado la imaginación de lugareños y visitantes por generaciones.

Ubicada en un camino real antiguo, esta imponente formación rocosa se yergue como testigo silencioso de pasajes intrincados de la historia venezolana. En este relato, exploraremos los misterios y las leyendas que rodean a esta roca, descubriendo los secretos que se esconden tras su imponente presencia en el paisaje venezolano.

La Piedra de La Loca

Por un sendero real, que aún conserva su empedrado a pesar del paso del tiempo, van dos chamos y un burro. Avanzan hacia Las Adjuntas y La Roca recolectando leña que luego venderán en su pueblo. Cruzan la quebrada La Dantera y se detienen para cortar ramas secas de cujíes, pardillo, tinto, peraco y canaguán. Han salido bien temprano de su casa.

Se detienen para observar las bandadas de mieleros que se posan golosos cerca de los frutos maduros de las tunas.

Los pájaros entonan su sinfonía matutina; mieleros, paraulatas, cucaracheros, azulejos, revolotean entre los arbustos. Otros se detienen, como los chamos, para comer semillas de maravillo. La tierra está sedienta. Algunas grietas dejan al descubierto las raíces de los matorrales. Solo los cujíes, cardones, tunas y sisales pueden vivir en este terreno seco. Ha pasado la mitad del día y los dos chamos casi tienen lista su carga de leña que venderán en el pueblo por dos bolívares, con los que comprarán alpargatas nuevas.

Agotados y sudorosos, se detienen al lado de un árbol. El sol quema la tierra. Todo está en silencio. Una lagartija pasa corriendo entre la hojarasca. Cerca, una tuna muestra sus frutos maduros. Orlando saca un pequeño machete y, con ayuda de una piedra para no pincharse, corta unos cuantos higos que ofrece a su hermano menor:

– Toma, Daniel, están listos.

Y al ver que el burro se inquieta, se acerca a él y con cariño le dice:

– Toma, Pollino, ¿también quieres? Están deliciosos.

Y así disfrutan de un buen rato; una vez descansados, emprenden el camino de regreso. En poco tiempo, han completado su carga de leña.

Al día siguiente, los dos chamos salen nuevamente con su burro. Esta vez toman el camino real que va a La Mulera. Se detienen cerca de Peracal. Allí, entre colinas y callejones, pasan casi todo el día cortando ramas de peraco y tinto. Con ellas harán escobas que venderán a bajo precio. Estas escobas se utilizan para barrer los patios de tierra, previo riego para evitar levantar polvo.

El sol hace que las plantas se marchiten y la tierra esté dura como el cemento. Un lagarto toma el sol al borde del camino.

– Mira – dice Orlando –, es enorme, nunca había visto un lagarto tan grande.

El lagarto, al oír el ruido de los pasos del burro y de los chamos, huye espantado.

– Daniel, ten cuidado, por aquí suelen haber serpientes venenosas. Abunda el cascabel y la coral.

– Estaré pendiente, hermano.

Suben a una pequeña loma frente a Peracal. Allí, bajo los arbustos, se sientan a descansar al lado de una gran piedra.

Daniel, acariciando afectuosamente a su burro gris con manchas negras, peludo y de piel brillante, le dice con ternura:

– Ven, Pollino, descansa a la sombra -. Luego lo amarra a un peraco.

La Historia De La Piedra de La Loca
La Historia De La Piedra de La Loca

Orlando se acerca más a la gran piedra negra y lisa, suspendida entre dos montículos de tierra seca y compacta, con un hueco en el centro que deja pasar la luz, pareciendo un enorme dolmen prehistórico. Le comenta a su hermano:

– Esta piedra debe pesar unas dos toneladas. Se dice que durante la Revolución Restauradora de Cipriano Castro, en mayo de 1899, un general enterró un tesoro debajo de esta piedra. Estableció una condición: para sacarlo, hay que hacerla rodar hasta el próximo callejón y luego subirla hasta aquí.

Daniel, con los ojos bien abiertos, observa la piedra y responde:

– Rodarla hasta el callejón no sería complicado, pues al empujarla se movería fácilmente, pero llevarla cuesta arriba y colocarla aquí como está, eso sí sería difícil.

– Exactamente, Daniel, por eso sigue aquí. ¿Quién podría realizar semejante hazaña? – añade Orlando–. Estos callejones o hondonadas que rodean estas colinas, en época de lluvia se inundan y el agua corre hacia la Quebrada Seca. A veces, el caudal arrastra todo a su paso, causando estragos en casas y fincas. Afortunadamente, esto ocurre raramente.

– ¿La piedra tiene algún nombre?

– Sí, por aquí la llaman "La Piedra de la Loca".

Los silbidos de una paraulata rompen el silencio. Los dos muchachos desatan a Pollino y emprenden el camino de regreso a San Antonio para vender sus escobas. Queda atrás la piedra negra con su enigma y su tesoro enterrado.

Fuentes:

  • Pasatiempos
  • Leyendas del Táchira (Lolita Robles de Mora)

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