La Historia de la Cueva de Los Santos – Leyendas Tachirenses

08/03/2024

La Historia de La Cueva de Los Santos

La "Cueva de Los Santos" es un enclave misterioso ubicado cerca de la localidad Pontálida, en la aldea Cánea. Esta cueva, famosa por los santos grabados en sus paredes en el pasado, atrae tanto a amantes de la espeleología como a curiosos en busca de sus encantos ocultos. En este relato, exploraremos las leyendas y experiencias que rodean este fascinante lugar, donde lo sobrenatural y lo terrenal convergen en una atmósfera única.

Cueva de Los Santos

En las cercanías de la localidad Pontálida se sitúa la aldea Cánea. El terreno es accidentado debido a su proximidad a la cordillera El Volador, donde limitan los municipios Bolívar y Junín. La montaña se compone de lajas con variados matices que van desde el rojizo hasta el amarillento, adornadas con orquídeas. Pequeñas llanuras cubiertas de vegetación, matorrales y árboles robustos como orumos, guamos, bucares, ceibas y pardillos completan el paisaje. El clima es agradable y fresco.

El principal punto de interés es la "Cueva de Los Santos", nombrada así por los santos grabados que alguna vez adornaron sus paredes. Hoy en día, esta galería ha desaparecido, probablemente obstruida por rocas y arena.

Los aficionados a la espeleología suelen adentrarse en la cueva equipados con linternas, picos, palas, cuerdas, entre otros utensilios. Al ingresar, se encuentran con un amplio recinto de paredes de roca amarillo-rojiza y piso de arenisca. En las paredes están grabados los nombres y fechas de los visitantes; la sala está en penumbra. A la derecha se encuentra un espacio más reducido y oscuro, habitado por murciélagos. Casi en el centro y al final de este salón se encuentra una pequeña entrada, que suelen ampliar con las herramientas para acceder a un corredor espacioso iluminado por una suave luz que penetra a través de pequeñas hendiduras en la bóveda rocosa. Es un espacio alargado y húmedo, con un pequeño manantial de aguas cristalinas corriendo por el suelo.

Penetrar en otro pasadizo es posible, aunque la atmósfera se vuelve enrarecida y el oxígeno es escaso, lo que da la impresión de que el corredor se extiende indefinidamente. Se dice que hace muchos años, esta cueva conducía hasta Colombia.

Los habitantes de la aldea Cánea afirman que la Cueva de Los Santos y el Cerro de Capote, así como sus alrededores, están encantados, aunque estos encantos parecen manifestarse y desvanecerse de manera impredecible. Sin embargo, los lugareños no los temen, sino que los consideran positivos.

Relato de la Cueva de Los Santos
Cuento: La Cueva de Los Santos

Doña Clara relataba que cuando era niña, llegó a las inmediaciones del cerro y notó que el terreno se hundía en forma de un círculo, como una especie de pozo. En este lugar crecían árboles robustos, y a un lado, entre las lajas, se encontraba una abertura ovalada, como una gran puerta. Al asomarse, todo estaba oscuro. Mientras seguía a unas suiras, unas aves pequeñas, se quedó intrigada y regresó al día siguiente, pero la sima y la abertura de la cueva habían desaparecido sin dejar rastro.

Una amiga de doña Clara afirmó haber visto en esa área, cerca de la entrada de la cueva, a un hombre vestido de manera llamativa, con una túnica escarlata similar a la de los obispos en sus ceremonias. Su figura brillaba bajo los rayos del sol del mediodía. Sin embargo, nunca volvió a aparecer.

Cerca de la Cueva de Los Santos se encuentra el Callejón de la Vieja, árido en verano y con aguas turbulentas en época de lluvias. Por este callejón solía transitar don Jacinto, quien llevaba una mochila para comprar alimentos en el mercado de Rubio. En una ocasión, al recostarse sobre una piedra para descansar, la tierra cedió y lo condujo al interior de una cueva, un salón espacioso con paredes y techo de roca iluminado por una suave luz azulada. Este espacio se conectaba con un huerto de naranjos, donde fue recibido con amabilidad y se le ofreció comida y bebida. Después de desayunar, recibió una naranja que guardó en su mochila. Esta naranja, grande y madura, desprendía un aroma exquisito.

Antes de partir, le indicaron que siguiera un pasaje que lo llevaría al Cerro de La Vieja, en Pamplona. Desde allí, continuó su viaje hasta Cúcuta y, finalmente, regresó a Rubio.

Muchos días después, al llegar a casa al atardecer, encontró a su familia rezando por su alma, ya que lo daban por muerto después de diez días de ausencia. Sorprendidos, escucharon su relato sobre la cueva y el huerto de naranjos, y para demostrar la veracidad de su historia, sacó la naranja de la mochila. Sin embargo, esta vez, la naranja se había vuelto pesada, y al sostenerla, descubrieron que era de oro.

Poco después, don Jacinto y su familia, enriquecidos por la naranja de oro, partieron del lugar en una dirección desconocida.

La Cueva de Los Santos sigue siendo un destino popular para excursionistas y científicos, aunque no se sabe si los encantamientos aún persisten.

Fuentes:

  • Pasatiempos.wordpress
  • Leyendas del Táchira (Lolita Robles de Mora)

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